martes, 10 de septiembre de 2013

Miguel Ríos: "Esto nunca lo había contado"










(Esta entrevista se publicó en la portada de 'Dominical' el 8 de septiembre de 2013)

Texto: Carlos Marcos. Fotos: Luis Rubio.


Si es usted aficionado a devorar biografías de estrellas del rock (Keith Richards, Rod Stewart...) con sus dosis de sexo y drogas, la de nuestro rockero no le decepcionará. También si busca una visión de los últimos 50 años de la sociedad española. El músico relata en su autobiografía, que sale a la venta el martes, asuntos hasta ahora ocultos.

Lo que sigue no es un episodio de la erótica saga Cincuenta sombras de Grey. No señor. Lo que se lee a continuación pertenece al libro de memorias de Miguel Ríos, Cosas que siempre quise contarte (Editorial Planeta), escrito por él mismo: “Un revuelto de rostros, labios, pezones, caderas, culos, flujos, salivas, sabores, olores, gritos, susurros, húmedos oficios que me llevaron al éxtasis y a algún que otro gatillazo”. “Sí, sí, también ha habido algún gatillazo, y lo recuerdo”, comenta Miguel Ríos entre carcajadas. Enfundado en una estrecha cazadora de cuero, con vaqueros y con una reciente barba quijotesca, el veterano músico se mantiene rockero y apuesto a menos de un año de cumplir los 70  (el 7 de junio de 2014). Tras despedirse de las giras hace dos temporadas, el músico se ha pasado unos cuantos meses escribiendo sobre su vida, la que cuenta cómo un muchacho que se magreaba con una compañera mientras trabajaba de mozo en los Almacenes Olmedo de Granada llegó a la cima.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Rod Stewart-'Atlantic crossing' (1975)



Amarrando un balón de fútbol con su brazo izquierdo y con una botella de algún brebaje (seguro que de alta graduación) en el derecho. Así aparece Rod Stewart (un llamativo dibujo de él) en la portada de Atlantic crossing, su disco de 1975, aferrado a dos de sus grandes pasiones: el fútbol y la bebida. Solo le falta al lado una rubia de piernas largas, y ya tendríamos el vivo retrato de la felicidad. Es un Rod gigante, pisoteando el mundo, en una metáfora doble: el músico londinense (de corazón escocés) estaba a mediados de los setenta en pleno proceso de conquistar el planeta, al mismo tiempo que le pegaba una patada a su gobierno, el inglés, afincándose en EE UU y así librándose de la sangría con la que le amenazaba el fisco. Nada nuevo en el mundo del rock esto de huir de la Hacienda materna.  


Rod seguía compatibilizando su ascendente carrera en solitario con la descendente de los Faces, que en diciembre de ese mismo 1975 cerraría definitivamente, con Ronnie Wood camino de los Rolling Stones. Atlantic crossing tiene divididas las caras (hablamos de un vinilo): la A, llamada Fast half, dedicada a excitados rockanroles; y la segunda, la Slow half, entregada al baladismo que tanto practicaba el músico. A pesar de esta organización el disco suena sin mucha cohesión, debido básicamente a la gran cantidad de músicos que participan, tomados de aquí y de allá. Pero ahí están para resolver la situación la voz y el sentido de la diversión de Rod. Se muestra siempre vacilón en el rock, como en ese chuleta arranque con Three time loser, un tema sobre las, ejem, enfermedades venéreas; o ese cañón, Stone cold sober (¿mejor que Hot legs?), en compañía de Steve Cropper. 

Muy bien tratados esos abigarrados vientos, seguramente influidos por el trabajo de los sopladores Bobby Keys y Jim Price con los Stones en piezas como la monumental Bitch. Cuando llega el apartado de ponerse melifluo, Rod recurre a versiones, que él convierte en infalibles, como I don’t want to talk about it (nunca un pastel empachó tan poco, manto de violines incluidos) o Sailing, la canción que cierra el disco, que Rod no quería incluir como primer sencillo (prefería la rockera Three time loser). Finalmente se dejó convencer y, como se dibuja en la portada, conquistó el mundo.  

Valoración: 3'5 sobre 5.

martes, 27 de agosto de 2013

Andrés Calamaro: "El problema de los estúpidos es que encima sean mala gente"










(Esta entrevista se publicó en la portada de 'Dominical' el 25 de agosto de 2013).

Texto: Carlos Marcos. Fotos: Luis Rubio.

“No hace falta que lo agarres con fuerza, pero tampoco es una pipa de crack que te va a explotar. Cógelo con suavidad. Es amargo, pero ha salido rico. No hace falta que lo tomes de un trago. Lo puedes disfrutar… A ver si te gusta”. Andrés Calamaro se muestra generoso esta mañana. Estamos compartiendo mate con él, sorbiendo de la misma bombilla. Lo ha preparado manualmente minutos antes de la entrevista. El cantante transporta todos los utensilios allá adonde va: el recipiente, la yerba, un calentador de agua eléctrico... Un peso considerable. “Me gusta tomar el mate cuando despierto, en ayunas”, explica el músico, nacido en Buenos Aires (Argentina). Hace solo tres días (el 22 de agosto) cumplió 52 años. Con un tatuaje de un toro en un brazo y en el otro el del nombre de su única hija (Charo, de seis años), no parará de beber la excitante infusión en las próximas cuatro horas. El encuentro es en Madrid. Su nuevo disco se llama Bohemio, con brillantes-simples piezas rock, donde relata su “año en el infierno”. Una cosa antes de empezar. Omitimos en sus respuestas los abundantes “¿verdad?” y “¿no es cierto?” con los que finaliza las reflexiones y, sobre todo, prescindimos de los extensos silencios durante las respuestas. Ponemos solo un ejemplo: “El mundo vive [6 segundos de silencio] entre la intoxicación y la rehabilitación. Y no solo [carraspeo y otros 6 segundos de silencio, y trago largo de mate] hablo de sustancias. Hablo también de lo económico, de lo político, de lo social… [30 segundos de silencio]. Un adicto al tabaco [tres segundos de silencio, y otro gran sorbo de mate] si descubre otra cosa para fumar que no sea tabaco se va a sentir liberado, ¿no? Quiero decir, o sea… [30 segundos de silencio]. El peligro de las adicciones es repetir demasiadas veces con una misma sustancia, ¿no? Eso te puede llevar a la perdición del hígado”.

miércoles, 10 de julio de 2013

La Pandilla Voladora: rumba-rock a calzón quitado









(Este reportaje se publicó en Dominical, el 7/07/2013)
Texto: Carlos Marcos; Fotos: Luis Rubio

Su ídolo es Tony Curtis y están en contra del ejercicio físico. pasamos 24 horas con un supergrupo llamado la pandilla voladora. cinco músicos ingobernables que arrancan la gira más disparatada del verano.


Esta es la historia de 24 horas épicas para cinco músicos. Empecemos por el final. Jueves, 10 de la mañana. La situación dista de ser la más adecuada para hacer una entrevista. Cinco tipos mortecinos (y un mánager en coma) arrastran, como pueden, una honda resaca. Llegan a la entrevista y a la sesión de fotos con Dominical sin dormir, de empalmada. Solo recuerdan el último lugar donde estuvieron: un club de fumadores. El único que ha descansado un poco (“me acosté a las seis de la mañana”) es Lichis. Incluso se ha afeitado. Pero parece contagiado por la empanada de sus compañeros: “Dejé aquí una china, ¿dónde está?, ¿quién la ha cogido?”. Nadie responde, pero todos se ponen a gatear en busca de la preciada bolita. El Canijo anda revuelto. “Vaya noche, compadre”, balbucea, y se tumba en el estudio fotográfico a echar una cabezadita. Los ojos de Jairo han visto días mejores. Lucen como dos pelotas rojas. Habla como si tuviese una bola de mazapán en la boca. Está claro que le cuesta vocalizar. A pesar de ello, profesional que es uno, intenta enhebrar un discurso coherente. No lo consigue. La cosa empeora: Tomasito acaba de pedir una cerveza. Recuerden: son las 10 de la mañana. Le dicen que no hay. Se conforma con café. El quinto de la cuadrilla, Albert Pla, tiene una relación algo difícil con la realidad. ¿Dónde estoy? ¿En una entrevista? Ah, pues no hablo, no vaya a ser que… Periodista y fotógrafo optan por tener paciencia…
Estas son algunas de sus declaraciones, cazadas a vuela pluma esa mañana. Nota: no necesariamente tienen que ser ciertas.

jueves, 30 de mayo de 2013

Ariel Rot: Confesiones de un rockero curtido




Texto: Carlos Marcos. Foto: Luis Rubio. (Publicado en 'Dominical' el 26/mayo/2013)


Asegura que sobrevivió a la época dura de las drogas por su privilegiada genética. Sin embargo, la actual situación económica le puede tumbar: este año será el primero de sus tres décadas en la música en el que perderá dinero. Por el camino, su ausencia más dolorosa, su choque de egos con Andrés Calamaro y su último disco  

Hacemos a Ariel Rot la última pregunta de la entrevista. “¿Qué le lleva a usted a la perdición?”. Construye una sonrisa canalla que casi valdría para responder a la pregunta y luego añade: “No sé, ¿me ve usted como alguien con tendencia a perderse?”. Antes, durante toda la charla, el rockero nacido en Buenos Aires (residente en Madrid, con algún paréntesis, desde los setenta), ha estado confesional, repasando más de 30 años de carrera, incluyendo su último disco, La huesuda. Padre de dos hijos (de diez y siete años), pronto le veremos de gira junto a Leiva y Loquillo. Pero antes desvela sus inquietudes y certezas...

martes, 30 de abril de 2013

Wild Honey: en el planeta del pop refinado




Texto publicado en 'Dominical', el 28 de abril de 2013.

UN ACCIDENTE DE TRÁFICO con varios huesos y ligamentos quebrados como resultado es el antecedente de uno de los discos más primorosos del pop español de los últimos meses. Guillermo Farré (madrileño de 33 años, de padres catalanes) cometió el error más típico que se le advierte a un español: cruzar a pie una avenida londinense sin mirar a la izquierda. Un coche pasaba en ese momento y... ¡catacrack!. Guillermo ingresó en las urgencias de un hospital inglés. Luego, le trasladaron en un avión-sanitario a España para operarle. “Estuve dos meses de baja, en la cama y en silla de ruedas. Y me propuse componer una canción diaria. Algunas eran caóticas, porque estaba medicado. Pero saqué ideas que luego conformarían el disco”, explica el protagonista.

miércoles, 3 de abril de 2013

Los últimos días de Wilko Johnson








Asisto pasmado y con un nudo en la garganta a los últimos días de vida de Wilko Johnson. La historia es conocida. Las pasadas navidades diagnostican al guitarrista un cáncer terminal de páncreas. Hablando en plata: le quedan nuevo o diez meses de vida. Si Wilko optaba por un tratamiento de choque (quimioterapias severas y cóctel de pastillas) los doctores garantizan que su vida se alargaría unos meses más, quizá hasta el año y medio. Eso sí, mermando sus facultades hasta dejarlo tan debilitado que apenas podría realizar la actividad con la que es más feliz: ofrecer conciertos. Wilko, testarudo hombre criado en las alcantarillas de Canvey Island (allí, eso de “los hombres no lloran” no es un recurso: es una orden), opta por salir a la carretera antes de que el bicho le desgarre las entrañas.