jueves, 6 de diciembre de 2012

Escenas geniales de músicos en el cine: Ricky Nelson, ‘Río Bravo’



Existen muchas formas con las que escenificar la lealtad, el compañerismo y la amistad, conceptos todos ellos tan auténticos como fuera de moda. Pero ninguna como esta secuencia de Río Bravo de poco más de tres minutos. En esa cárcel desconchada y sucia el espectador se siente a gusto, arrullado por estos cuatro gloriosos perdedores. Si nos dieran la oportunidad a los espectadores, patearíamos con gusto nuestros confortables calefactores del salón si con ello pudiéramos dar un salto en el tiempo y aparecer entre las cuatro desteñidas paredes de ese calabozo.

Un viejo tullido, un borracho, un joven arrogante y un sheriff amargado. Los cuatro sellan a fuego, herméticamente y sin posibilidad de fisuras, una relación que les puede llevar a la muerte. Para ello, el astuto y genial director Howard Hawks utiliza la música. Y ahí entra en juego Ricky Nelson, un tipo injustamente vedado para entrar en la primera división del rock. Si para estar en esa élite hay que demostrar una cuota de canalleo, hasta Nelson tiene argumentos: en los años 70 pasó su particular episodio con las drogas y los escándalos. Su divorcio de su despiadada mujer, Kristin Harmon, fue seguido apasionadamente por el público estadounidense como si se tratase de un morboso folletín. Al final, ella desplumó a Nelson y le dejó sin ver con regularidad a los cuatro hijos que compartían.

Pero a Nelson le imputan ser un ídolo de adolescentes. De hecho, se asegura que el término teen idol nació para definir la histeria que desataba Ricky cada vez que abría la boca. Sin embargo, a pesar de su suave rostro y de, en ocasiones, un meloso tono de voz, ahí había un rockero de fuste, como demostró en sus grabaciones de finales de los 50. Pero Ricky no tenía ni el magnetismo de Elvis ni la dureza de Gene Vincent. Incluso en los 70, cuando el rock and roll clásico quedó arrinconado por los patilludos hippies, Nelson (ya como Rick en lugar de Ricky) se reinventó con una sólida banda de country-rock, Stone Canyon Band (escucha su disco Garden party y verás que puede competir con las obras de Eagles o Poco, por poner solo dos exponentes del género vaquero).

Pero volvamos a 1959, cuando se rodó Río Bravo. El atractivo de Ricky, con solo 19 años, para los adolescentes americanos era mucho en esa época, y Hawks leyó muy bien la jugada: le instaló entre los curtidos Dean Martin, John Wayne y Walter Brennan y se garantizó que, además de los talluditos, acudieran en masa a ver la película los más jóvenes.

Atención a la escena. John Wayne (el sheriff desencantado) con su humeante café en una taza de latón. El borracho Dean Martin tumbado en un catre ocultando sus ojeras resacosas con el sombrero. Y Walter Brennan (¡qué actorazo!), el anciano cojo, soplando (bastante bien, por cierto) la armónica. Wayne presencia a sus tres compañeros interpretando My rifle my pony and me. Arranca Dean Martin y luego canta su parte Ricky Nelson, además de tocar la guitarra, mientras Martin le acompaña silbando. Una gozada.

Sin duda animado por la tremenda popularidad de Nelson, Hawks le concede un nuevo tema, el rock vaquero Cindy, que atacan los tres, esta vez con el protagonismo absoluto de Ricky. La fusión de los dos temas apenas supera los tres minutos. La sonrisa de John Wayne al final de la secuencia viene a decir que la numerosa y asesina banda de los hermanos Burdette, que atemoriza al pueblo, tiene pocas posibilidades contra la unión de estos cuatro gigantes.

Nelson murió en un accidente aéreo en 1985. Su avión se estrelló el mismo día de Nochevieja camino de una actuación. Solo tenía 45 años.  

Esta es la inolvidable escena:
  

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